STAGE DOSHU-SOKE MARSELLA

Tras los preparativos previos a cualquier salida a un stage, y con la resaca todavía del exitoso curso en Sabiñánigo, ahí estaban Webmaster y Huguito con la furgoneta, ya tradicional medio de transporte del Dojo Sakura para la aventura marsellesa. 9 plazas completas. A la pareja indisociable Willie y Alberto, nos unimos Quique, Hugo, Nachete Adrià, Marta, Mariano y la que escribe.

A las 15.00 en punto me recogen y cuando me monto ya son todo risas hasta el final de la aventura. Qué gozada viajar así. Salimos de Huesca y llegamos a la frontera, según lo previsto, a eso de las 19.00. La parada no estuvo exenta de cachondeo, al pasarnos la salida e ir a parar a un macro bufet que hubiese hecho las delicias de más de uno que conocemos… Como si no hubiese un mañana, nuestro utilitario se convirtió en un momento en un bar de tapas de amigos… Todo un surtido de embutidos, quesos, frutas, dulces…espectacular. Merece la pena ir al stage sólo por ver la infraestructura alimentaria que son capaces de mover estos chicos. Con el estómago agradecido continuamos la marcha, con anécdotas, sin aire acondicionado en la parte trasera y un repertorio musical que es digno de estudio. La gozamos de lo lindo. Llegar a Marsella a las 23.30, hacer el check-in en el hotel, bajar a tomar un bocado y ver de nuevo lo que son capaces de comer estos chavales no tiene precio. En pleno apogeo gastronómico hicieron llegada los compañeros bosnios, y también coincidimos en el hotel con Stephan Carel y otros amigos franceses de París, suizos, italianos y cameruneses.

Tras unas horas de ligero descanso, nos levantamos temprano y fuimos directos al Dojo Bunkai, allí nos esperaban como siempre con un suculento desayuno, (no se tienen fondo nuestros chicos) a la vez que hicimos la inscripción al stage. Fuimos coincidiendo todos los llegados, demás españoles, franceses, croatas, Serge y Jean Paul,  y el propio Doshu Soke Yoshinao Nanbu, que vino esta vez acompañado de su mujer, Sonia. Siempre agradecidos por el trato recibido, por la alegría de vernos de nuevo y por el ambiente tan cordial que se respira siempre en el Stage du Soleil. Tras los saludos de rigor, nos pusimos el traje de gala y fuimos al tatami ansiosos de comenzar el entrenamiento. Fue un entrenamiento, o mejor dicho, fue un curso que se basó en el trabajo principal, en la técnica base, en combinaciones y randoris de antaño, haciendo las delicias de los más antiguos nanbudokas, que no viejos…Aunque tampoco dejamos de lado los sotais y los keirakus, sí es cierto que el entrenamiento se tornó diferente a los últimos, lo que hizo que estuviésemos muy pendientes y expectantes a lo que iba sucediendo ejercicio tras ejercicio. Al terminar el entreno, nos dimos una ducha reponedora, aunque incómoda, por la falta de cortina… y nos fuimos de nuevo a la sede del club a comer y tras convencer a los más dormilones, optamos cambiar la siesta por un bonito paseo a la orilla del mar y un buen café con pasteles franceses. Volvimos al pabellón para el entrenamiento y continuamos con la tónica del entreno matutino, con repaso de randoris, trabajo por parejas y mucho disfrute en el tatami, cuna de fortificación de las relaciones fraterno-nanbudokas.

Al terminar, duchita y a la cena. Aunque el ambiente era excepcional, ya en el aperitivo comenzaba a notarse el cansancio en nuestros rostros. Hubo que mantener el tipo, sobre todo porque mis chicos tenían que cenar, a riesgo de un síncope por inanición, y también porque Mariano aprovechó para mantener algunas conversaciones con el Maestro proyectando ya la próxima temporada y porque teníamos ganas de seguir riendo y pasándolo bien. Eso sí, tras la cena, adaptándonos muy bien al horario francés y sin hacer caso a los bosnios, que pretendían tirar de nosotros a la vida nocturna sobornándonos con un imbebible licor, Drakya, sólo apto para gargantas de platino, nos fuimos a la camita a descansar.

El domingo continuamos el desarrollo del fin de semana, acudiendo al desayuno puntuales. Tras coger las maletas, nos dispusimos a ir al último entrenamiento. Trabajamos sotai, randori y repaso de katas por grupos. Al finalizar el entrenamiento y con mucha prisa, tomamos la comida fría que nos habían preparado amablemente y nos marchamos a toda velocidad. Quique trabajaba esa misma noche y teníamos que asegurarnos de llegar sin contratiempos.

 

Por supuesto la vuelta siguió en la línea de la ida. Risas, anécdotas, más risas…

 

Al llegar a la Junquera, como si el tiempo también se hubiese puesto triste por dejar atrás otro stage, paramos a comer bajo un diluvio. Eso sí, nuestro buen cafelito y fuerzas repuestas para terminar el camino.

 

A la hora prevista en casita, agotados por el palizón del viaje, pero como siempre con el corazón contento por haber pasado otro fin de semana con gente excepcional y haber exprimido cada minuto al máximo. Justo a tiempo para soplar las 6 velitas de Sofía.

Un curso más para el recuerdo, maravilloso fin de semana. Los churros en francés para Adrià y las pistas musicales de Alberto harán que se nos escape la sonrisa durante muchos años. Muchas gracias a la organización por su hospitalidad y su buen hacer y a todos los compañeros de Sakura por ser como son, por hacer que cada viaje sea inolvidable y porque hacen que no dé pereza mirar el calendario a ver cuándo es el próximo o el mapa para saber cuán lejos está.

 

Maybe Playa de Aro…

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